Reconocer que algo anda mal

No es fácil saberse mal. Menos lo es saberse mal ante los demás. Reconocer que las cosas no van como queremos, no es fácil. Reconocer que no tienes en control tu vida, es el abrir de ojos que te permite elegir nuevos destinos.

Yo decidí tomar acción cuando me percaté que, a pesar de sentirme mal, durante años, no había hecho nada; cuando me di cuenta que, ese no hacer nada, estaba afectando mi relación con la persona que vivía.

Ante los ojos de las personas, puedes ser muchas cosas que aparentas, pero que no quieres o te consideras ser: Negativo, pesimista, quejoso, apático, sangrón, flojo, gruñón, seco. Cualquier cosa. Que lo digan, no es que lo seas. Que no lo seas, no es que no estés actuando de esa manera.

Detectar las alarmas es importante. Reconocerlas, más.

¿Cómo me di cuenta que sufría depresión?

No todas las depresiones son tan obvias. Es lógico que, cuando una persona intenta quitarse la vida, uno no necesita ser especialista en las ciencias de la mente para afirmar que se trata de una depresión severa, sin embargo, ¿Cómo detectas una depresión cuando no se trata de algo tan claro como el suicidio o intento de éste?

Afortunadamente, el estado depresivo en el que me encuentro, no ha sido tan grave para llegar a atentar contra mi vida, pero poco a poco, me di cuenta que mis actitudes, mi ánimo y mi salud, no eran como yo quería, y no se trataba sólo de una mala racha, porque ya era mucho tiempo viviendo así.

Anímicamente, tengo años viviendo de forma reactiva: sobrellevándola. Viviendo por inercia. De mal humor mucha parte del tiempo. Años siendo apático a casi todas las oportunidades (de todo tipo) que se me presentan, y viendo la vida (y lo peor, viviéndola) sin motivación alguna.

Socialmente, comencé a enfocarme solamente en los defectos de las personas. Nunca fui alguien introvertido o asocial, pero me comencé a alejar de las personas, y ellas de mí. Lo peor: la relación con mi novia (ahora ex) y mi familia, tampoco la he llevado de la mejor manera por este motivo.

Físicamente, tengo años subiendo de peso. De niño y adolescente, nunca fui obeso, y hoy tengo obesidad clase III. Padezco colitis nerviosa y migraña tensional, problemas de sueño, y claro, falta de energía.

Comencé a atender cada uno de los problemas deforma separada, hasta que, informándome y leyendo (tengo la ventaja de que me gusta leer de todo), me di cuenta que todo estaba relacionado.

Cansado de vivir así, he tomado acciones en el último año, y estoy seguro que superaré esta situación. Si te sientes identificado, te invito a que también lo hagas.

34

JESÚS murió a los 33 y me puso a prueba a la misma edad. Él pudo resucitar, y yo, apenas pude sobrevivir. Hoy cumplo 34 y le doy gracias a Dios por otro año más de vida. Entro más saludable y más tranquilo que hace un año.

Agradezco a Dios haber podido compartir el día de hoy con mis dos padres. Les amo. Esa es sin duda la mayor alegría de mi día.

Hoy he tenido muy presentes a mis abuelos. Sobre todo a mi abuela Teresa Maciel, de quien le regalé un cuadro a mi papá, y a mi abuelito José Peña, dueño de la pluma con la que escribo estas letras (en mi libreta).

Treinta y cuatro años de vida digna, rodeada de amor. ¡GRACIAS!

El 1 de Enero no debería ser asueto

Para los que solemos ser indisciplimados, que el 1 de Enero sea día libre, nos complica iniciar el año con decisión. Los indisciplinados somos débiles de mente. Que el primer día del año exista la libertad de levantarte tarde, la imposibilidad de realizar pendientes por el cierre de negocios, te quita energía para el día que regresas a actividades.

Guarromántico resume mi sentir:

Guarromántico increíblemente ha influido mucho en mi vida en los últimos meses. Ya contaré lo realmente increíble de cómo Guarromántico me chingó hace meses. Buenas noches.

Mi 2018

Hace un año escribí:

Lo único malo de que termine el 2017 es que siempre puede haber un año peor, y no me queda más que estar listo por si eso llegara a suceder.

No sé si fue una sentencia, o qué sucedió. Pero así lo fue. Puedo decir, con certeza, que este ha sido el peor año de mi vida. Sin embargo, sigo teniendo muchas cosas qué agradecer. Porque Dios sigue conmigo. Porque lo peor que uno puede hacer ante la adversidad, es alejarse y dudar de él.

Uno no comprende que la adversidad lo hace crecer a uno hasta que se enfrenta a ella. Y este año me ha hecho crecer. Mucho.

Este año ha sido de dolor, enfermedad, desamor, depresión, ansiedad, tristeza. Y a pesar de todo, ahorita iré con mi hermano y mamá, a su pueblo, a terminar el año. A pesar de todo, mi papá está disfrutando de mis hermanos y mi sobrino. A pesar de todo, Aquí estoy, en la tranquilidad de mi casa, escribiendo este texto. Gracias Dios.

¿El 2019 será mejor o peor? No lo sé. Pero ahora comprendo que la vida está hecha de esto.

Quiero desahogarme

Estos últimos días han sido difíciles. Mucho. Uno sufre más cuando no comprende las cosas. Será que no todo debe ser entendido sino aceptado. Pero aceptar es más difícil sin entender. A veces olvidamos que la mente, el cuerpo, el alma y el amor se manejan separados. Que no siempre se entienden.

Mi amor y mi alma no comprenden que el perdón no aparezca. Mi cuerpo y mi mente lo aceptan. Con trabajo.

Llega la ansiedad producto de la frustración. La desesperación de la impotencia. Lucho contra las horas, los recuerdos, el colchón. Contra mí.

No se puede regresar el tiempo pero se puede recomenzar. En donde mismo o en otro lado. Mi corazón, mi alma y mi amor quisieran donde mismo. Mi mente debe llevarlos a otro lado. Y digo debe porque la vida nos coloca donde no pedimos.

Jesús: estos 33 han sido de muerte. Está pesada la cruz. Está dura la enseñanza, maestro.

Ya me desahogué.

El mal amigo

Cumples 33 e inevitablemente piensa uno en ti. Perdóname por hablarte de tú, pero no soy muy formal con mis amigos. De hecho, soy muy “confianzudo”, aunque tampoco te llamaré “tocayo”. Me desagrada esa palabra. Además, me gusta mi nombre pero no soy digno. JESÚS, nombre tan corto y a la vez tan grande.

Treinta y tres años y cambiaste la historia de la humanidad. Yo 33 y ya no sé ni qué está bien y qué está mal. Treinta y tres años, y dos mil después, sigues cambiando la vida de las personas. Yo 33 y no puedo con mis cruces que son mínimas. No me comparo. Yo no soy Dios. Aunque ser tu amigo, supongo que algo debe servir. Aunque yo sea un mal amigo. De hecho, perdóname también por la relación tan descuidada que tengo contigo. A veces se me olvida que eres quien no abandona, que soy yo el que se aleja.

Te soy honesto. A veces no sé si agradecerte por seguirme a donde voy, o reclamarte el no gritarme y decirme para dónde vaya. Es edad que ya debería saberlo. Es edad que ya se me ha olvidado. Por eso no me dejes, porque solo, me volvería loco. Hoy prometo no olvidar que vas conmigo. Andemos juntos. Tú tomando vino, y yo cerveza. Prometo ya no ser un mal amigo.

Mi 2017

No sé qué pensar de este año. Creí que sería uno grandioso y ha sido uno terrible. El hijo de puta ya casi se acaba, y todavía me tiene a prueba. Pero bueno, por fin se termina este año de mierda. Pinche Tierra: le hubieras acelerado.

Tal vez es de cobardes echarle la culpa a los años, pero es más fácil pensar en este tipo de ciclos para agarrar fuerza. A veces me pongo a pensar: “si no midiéramos el tiempo, ¿cómo actuaríamos? ¿postergaríamos? ¿le daríamos tanta importancia al pasado o al futuro?”.

A pesar de lo difícil que me ha sido este año, tengo mil cosas qué agradecerle a Dios por habérmelas dado: una familia unida, a mis padres sanos, el vivir con la mujer que amo, la compañía de mis perros, trabajo, techo, la vida. Así que, a pesar de las circunstancias, me siguió dando mucha riqueza.

Sin embargo, a este 2018 entro más desmotivado que nunca. No sé si sea bueno. Entrar motivado tampoco es como que haya funcionado para cumplir propósitos. Lo único malo de que termine el 2017 es que siempre puede haber un año peor, y no me queda más que estar listo por si eso llegara a suceder. Tengo 3 metas cuesta arriba y sólo 2 dependen de mí. Que Dios me dé fuerza física, mental y emocional. Y a ustedes también.

Que tengan un tranquilo 2018.

Messi es el mejor futbolista de la historia. Punto.

Lionel Messi (image: EPA)

No es que los números mientan, es que no saben de estética, de sentimientos ni emociones. Los números respaldan, pero son sólo una parte de la historia — en los deportes y en la vida. — Por eso, no sólo hablo de números, porque aunque muchos de estos lo avalen, tal vez, Messi nunca alcance la cantidad de goles de Pelé o Romario. Se trata de un todo. De considerar cada una de las variables que integran a un ser superior en cada área que la humanidad ha desarrollado: técnica, estética, logros, constancia, precisión, hazañas. Messi es el mejor futbolista de la historia. Como lo es Jordan del basquetbol, aunque tenga menos anillos que Bill Russell. Como lo es Roger Federer del tennis, aunque no alcance los títulos de Jimmy Connors.

No lo digo con corazón barcelonista, que no lo soy. Hablando de La Liga, soy, más bien, villamelón. Hace años disfruté mucho al Real Madrid de “los galácticos”, antes, al Barcelona de Romario. Respecto a Europa, mi corazón es del Milán. Será que recuerdo de niño a Marco Van Basten, a Ruud Gullit, y claro, a Paolo Maldini, el mejor defensa que ha existido. Mucho menos escribo estas letras con corazón argentino, de hecho, como mexicano, la selección argentina, es para mí, una de las más antipáticas. Pero los hechos son hechos, y el futbol nadie lo ha jugado mejor que Lionel.

Si comenzamos con las comparaciones, injusto es para Di Steffano, la leyenda madridista. Pero hay pocos registros audiovisuales de sus hazañas, y simple y sencillamente, el nivel de profesionalización del futbol de su época, no puede compararse en nada con el actual, por lo que sería absurdo decir que él fue mejor.

Pelé con sus tres campeonatos del mundo es inalcanzable. Era Pelé, sí, una pieza de oro en una maquinaria que producía un futbol de avanzada. Pero él solo no producía el futbol de Messi, ni jugaba con la espectacularidad de éste. Fueron incluso, Johan Cruyff y Ronaldinho, más espectaculares. Claro, sin sus logros. Sería Mardona, tal vez, el futbolista más parecido al hoy mejor de la historia, pero sus adicciones lo truncaron. Sus 345 goles suenan pocos para alguien de su talla. Y no demerito. En el S.XX, el futbol nos regaló a grandes jugadores, pero en el S.XXI Messi nos regaló gran futbol.

Mezquinos son quienes le regatean méritos por no haber sido campeón del mundo en el 2014. Quienes creen que el campeonato del mundo, que dura siete encuentros, tiene más valor que toda una carrera de éxitos. Es verdad, cualquier futbolista cambiaría su palmarés entero por ser campeón del mundo, pero ganarlo no te hace mejor o peor jugador. ¿Acaso es Iniesta mejor que Johan Cruyff o Di Steffano?

Pecho frío les llaman quienes, egoístas, no quieren reconocer que el actual 10 del Barcelona es mejor que cualquiera que sea su ídolo. “No ha logrado nada con su selección”. Como si ser el mayor goleador de Argentina, fuera poca cosa. O haber sido campeón del mundo Sub-20. O haber ganado la medalla de oro en las Olimpiadas de Beijing 2008.

Messi puede arrastrar a toda una defensa como lo hacía Ronaldo, el original. Puede disparar un tiro libre como Pirlo. Puede desbordar como Neymar. Empujar balones y cobrar penales como Cristiano. Pero también puede crear futbol como Iniesta o Xavi Hernández. Lograr hazañas como Maradona. Despedazar defensas y anotar de media distancia como Pelé. Hacer magia como Ronaldinho. Recuperar como Xabi Alonso. Asistir como ninguno.

Somos afortunados los que gustamos del futbol, de poder vivir en su época. Son afortunadas las personas del futuro, que gracias a la tecnología, su huella no la borrará el tiempo como lo hacía hace un siglo. No hay futbolista digno de comparación en las pasadas dos décadas, y seguramente no habrá en las próximas dos. Porque son escasos los elegidos que cambian la historia con su trayectoria. Por eso, larga vida a Messi. El mejor del mundo, el mejor de la historia. D10S.

Recursos inhumanos

Los medios se han encargado de que al pensar en un sindicato, pensemos en personajes como Elba Esther Gordillo, como Romero Deschamps, personajes que se han enriquecido en nombre de la defensa de los trabajadores. La generalidad no es así. La generalidad es la de millones de trabajadores en todo el país, trabajando bajo abusos, injusticias e ilegalidades por parte de sus patrones y de millones de empresas. Por eso insisto: siempre será mejor un sindicato abusivo que un patrón abusivo.

No solamente son los sueldos de miseria que se ofrecen, no solamente son los requisitos llenos de racismo y discriminación a la hora de seleccionar personal: mujeres con buena presentación, hombres no mayores de 40 años, mujeres casadas, mujeres solteras, etc. Basta dar una revisada rápida a las ofertas laborales. Pero no sólo es eso,¿Cuántas personas trabajan en Colima (y en México) sin seguro social ni prestaciones de ley? ¿A cuántos trabajadores les cobran multas sus empleadores por cualquier capricho por el que se les ocurra descontarles de su sueldo? ¿Cuántos trabajadores no reciben un sueldo porque trabajan “por comisiones” o “por propinas”? ¿A cuántos exempleados los amenazan con demandarlos si trabajan en otra empresa de la misma industria queriendo prohibir que una persona trabaje en lo que sabe hacer? ¿Cuántas personas no ponen sus recursos como computadora, vehículo y teléfono sin recibir un pago a cambio de esto? ¿Cuántas personas trabajan bajo contratos mensuales para supuestamente evitar que generen antigüedad y evitar el pago de indemnizaciones si ya no los requieren?

Hoy los departamentos de recursos humanos no son departamentos que administren y cuiden el bien más importante de una organización: las personas, son departamentos que se han convertido en verdugos y ejecutores de injusticias patronales.

En las últimas semanas diferentes personas me han reportado injusticias en sus empleos con la finalidad de que lo haga público. No lo hago público por tratarse de problemas entre particulares, pero sí los señalo conservando el anonimato de ambas partes:

Una persona que después de tres años laborando en una empresa, al que le tocaban $40 mil pesos de liquidación, le pagaron el 10%. Es su primer empleo. Si demanda, no le dan carta de recomendación. Eso, aunado a que las empresas, cual mafiosos, tienen un “pacto de caballeros” en el que no contratan a un trabajador que decidió defenderse legalmente, y aquí entra otro caso:

Una mujer que superó todo el proceso de selección, pero cuando el área de recursos humanos descubrió que había demandado a su antiguo empleador, no la contrató. No les importó que la demanda hubiera sido por acoso sexual.

Otra persona, que después de trabajar ocho años para una empresa, la despidieron (junto a todos sus compañeros) de un día para otro, y no los liquidaron porque la razón social para la que supuestamente trabajaban la declararon en quiebra, aunque la empresa siga funcionando bajo otras razones sociales.

Otra persona que despidieron por tener una enfermedad hormonal que no afecta su trabajo, y por el cual, incluso, recibió reconocimiento antes de que supieran que tenía dicha enfermedad.

Dice Richard Branson: “entrena a tus empleados lo suficientemente bien como para que se puedan ir. Trátalos lo suficientemente bien para que quieran quedarse”. Aquí es el contrario: no los capacitan porque luego se les van. No los tratan bien… “que agradezcan que les dan trabajo”.

A los empresarios les gusta pararse el cuello al decir que generan empleos, como si los generaran por caridad y no por una necesidad operativa de su negocio. Como si lo hicieran por un favor y no porque necesitan del trabajo de otras personas para que su empresa funcione, pero ante circunstancias económicas adversas, los recortes de personal no fallan. ¿En dónde quedaron los empresarios como Eugenio Garza Sada?