Noches de ansiedad, noches de insomnio

No es raro el no poder dormir bien. Tampoco lo es dormir noche porque la mente sigue con cuerda aunque el cuerpo ya no. No es raro llorar, pensar, querer actuar.

Batallo mucho con el sueño: desde la posición en la que me acuesto, que a veces debe ser en un sentido, y a veces, hacia el otro, hasta el dormir, a veces cobijado, y a veces, destapado, sin importar el clima. Batallo con que es en las noches cuando tengo la energía de terminar muchas cosas que no hice durante el día. Batallo con que es cuando más pega la nostalgia.

Sin embargo, estos días (tres) experimenté algo que nunca había experimentado de esa manera. Una ansiedad extrema en la que tenía que mover las piernas para liberar energía. Una sensación de perder el control de mis piernas justo al empezar a quedarme dormido. Una sensación de dejar de respirar en cuanto cerraba los ojos. Hubo un día que sólo dormí una hora, porque justo cuando estaba a punto de caer, mi cuerpo brincaba para que me despertara. Lo hacía con miedo. Hubo ratos en que sentí que moriría. Son las peores noches que he pasado en los últimos años, o tal vez, en mi vida.

Según leí, en momentos de este tipo de ansiedad, por miedo a no controlar la situación y tu cuerpo, la mente actúa de esta manera, despertándote para que sigas en el control de tus pensamientos, de tu cuerpo y de tu vida. Afortunadamente, esta situación fue en decremento. El primer día fue el peor, y duró casi toda la noche, y al tercero, duró sólo una hora. Los últimos dos días ya he podido dormir bien.

He decidido, para ayudarme a esta situación, salir a caminar en la noche, o hacer un poco de ejercicio. Reducir mi ingesta de café (que en realidad sólo tomo frappuccino) y bajarle al uso del teléfono en la noche. A ver qué tal me va esta semana.

Jim Carrey y la depresión

No sé realmente si Jim Carrey dijo eso, pero la depresión ha sido un tema en los últimos años de su vida, así que es muy probable que sí lo haya dicho. De cualquier forma, esta frase me ha ayudado mucho en los últimos días. La frase no revela secreto alguno, es algo tal vez lógico, que uno lo sabe, que la psicóloga te lo dice, pero, no sé si sea la forma en que está escrita, el leerla me dio la motivación necesaria para hacer esas cosas sencillas que, cuando tienes depresión, no tienes las ganas ni la energía para hacer.

Lucho cada día en enderezar mi rutina, en mejorar mis hábitos y reducir mis vicios. No sé si casualmente, estos pasados tres o cuatro días, me he sentido mejor.

Días productivos, otros no tanto

Mientras salimos de esta madre, llamada depresión, tendremos de forma más notable, los picos y valles en nuestros días. Es decir, días muy buenos, y muy malos.

No hay duda que esta condición te hace menos productivo, ya sea por la pérdida de enfoque, de energía, de motivación. Por eso, es importante que, cuando tenemos un buen día, con energía e impulso para realizar cabalmente nuestras actividades, procuremos hacer un 200%. Es la única forma que encuentro para no retrasar tantos nuestros objetivos, proyectos y trabajo.

La clave es no perder el tiempo, y realizar todos los pendientes que hemos ido arrastrando. Leer una hora en lugar de media, ver dos capítulos en lugar de uno, terminar todos los pendientes de trabajo para comenzar en ceros al otro día. Porque si no lo haces hoy, mañana, quién sabe puedas hacerlo.

La lucha por levantarse

Hay personas que, afortunadamente, no saben qué significa el no poderse levantar, casi literalmente, al despertar. Escribo «casi», porque físicamente tu cuerpo puede pararse, pero, también físicamente, tu cuerpo no tiene energía para iniciar o reanudar el día. No es flojera; es una mezcla de falta de fuerza, exceso de sueño, falta de motivación, que te hace no poder abrir los ojos, y no poder despegarte de la cama.

Para vencer eso, se ocurre lo obvio: dormir más temprano, dejar el celular, no cenar noche, forzarte a pararte aunque te cueste mucho. Todo ayuda pero nada funciona completamente. He tenido días que me esfuerzo en levantarme, me baño (siempre con agua helada) y cuando me siento en la cama, vuelvo a caer dormido. He tenido días que me he levantado de la cama a las 4 PM. He tenido días que me duermo a las 10PM y me despierto a las 12PM.

Esta circunstancia, es una de las que más impactan en la vida diaria de quien lo padece, porque es detonadora de malos hábitos: alimenticios y de rutina, que a la vez se traducen en un círculo vicioso que incluye estrés, deterioro a la salud, e impotencia emocional.

Reconocer que algo anda mal

No es fácil saberse mal. Menos lo es saberse mal ante los demás. Reconocer que las cosas no van como queremos, no es fácil. Reconocer que no tienes en control tu vida, es el abrir de ojos que te permite elegir nuevos destinos.

Yo decidí tomar acción cuando me percaté que, a pesar de sentirme mal, durante años, no había hecho nada; cuando me di cuenta que, ese no hacer nada, estaba afectando mi relación con la persona que vivía.

Ante los ojos de las personas, puedes ser muchas cosas que aparentas, pero que no quieres o te consideras ser: Negativo, pesimista, quejoso, apático, sangrón, flojo, gruñón, seco. Cualquier cosa. Que lo digan, no es que lo seas. Que no lo seas, no es que no estés actuando de esa manera.

Detectar las alarmas es importante. Reconocerlas, más.

¿Cómo me di cuenta que sufría depresión?

No todas las depresiones son tan obvias. Es lógico que, cuando una persona intenta quitarse la vida, uno no necesita ser especialista en las ciencias de la mente para afirmar que se trata de una depresión severa, sin embargo, ¿Cómo detectas una depresión cuando no se trata de algo tan claro como el suicidio o intento de éste?

Afortunadamente, el estado depresivo en el que me encuentro, no ha sido tan grave para llegar a atentar contra mi vida, pero poco a poco, me di cuenta que mis actitudes, mi ánimo y mi salud, no eran como yo quería, y no se trataba sólo de una mala racha, porque ya era mucho tiempo viviendo así.

Anímicamente, tengo años viviendo de forma reactiva: sobrellevándola. Viviendo por inercia. De mal humor mucha parte del tiempo. Años siendo apático a casi todas las oportunidades (de todo tipo) que se me presentan, y viendo la vida (y lo peor, viviéndola) sin motivación alguna.

Socialmente, comencé a enfocarme solamente en los defectos de las personas. Nunca fui alguien introvertido o asocial, pero me comencé a alejar de las personas, y ellas de mí. Lo peor: la relación con mi novia (ahora ex) y mi familia, tampoco la he llevado de la mejor manera por este motivo.

Físicamente, tengo años subiendo de peso. De niño y adolescente, nunca fui obeso, y hoy tengo obesidad clase III. Padezco colitis nerviosa y migraña tensional, problemas de sueño, y claro, falta de energía.

Comencé a atender cada uno de los problemas deforma separada, hasta que, informándome y leyendo (tengo la ventaja de que me gusta leer de todo), me di cuenta que todo estaba relacionado.

Cansado de vivir así, he tomado acciones en el último año, y estoy seguro que superaré esta situación. Si te sientes identificado, te invito a que también lo hagas.

34

JESÚS murió a los 33 y me puso a prueba a la misma edad. Él pudo resucitar, y yo, apenas pude sobrevivir. Hoy cumplo 34 y le doy gracias a Dios por otro año más de vida. Entro más saludable y más tranquilo que hace un año.

Agradezco a Dios haber podido compartir el día de hoy con mis dos padres. Les amo. Esa es sin duda la mayor alegría de mi día.

Hoy he tenido muy presentes a mis abuelos. Sobre todo a mi abuela Teresa Maciel, de quien le regalé un cuadro a mi papá, y a mi abuelito José Peña, dueño de la pluma con la que escribo estas letras (en mi libreta).

Treinta y cuatro años de vida digna, rodeada de amor. ¡GRACIAS!

El 1 de Enero no debería ser asueto

Para los que solemos ser indisciplimados, que el 1 de Enero sea día libre, nos complica iniciar el año con decisión. Los indisciplinados somos débiles de mente. Que el primer día del año exista la libertad de levantarte tarde, la imposibilidad de realizar pendientes por el cierre de negocios, te quita energía para el día que regresas a actividades.

Guarromántico resume mi sentir:

Guarromántico increíblemente ha influido mucho en mi vida en los últimos meses. Ya contaré lo realmente increíble de cómo Guarromántico me chingó hace meses. Buenas noches.

Mi 2018

Hace un año escribí:

Lo único malo de que termine el 2017 es que siempre puede haber un año peor, y no me queda más que estar listo por si eso llegara a suceder.

No sé si fue una sentencia, o qué sucedió. Pero así lo fue. Puedo decir, con certeza, que este ha sido el peor año de mi vida. Sin embargo, sigo teniendo muchas cosas qué agradecer. Porque Dios sigue conmigo. Porque lo peor que uno puede hacer ante la adversidad, es alejarse y dudar de él.

Uno no comprende que la adversidad lo hace crecer a uno hasta que se enfrenta a ella. Y este año me ha hecho crecer. Mucho.

Este año ha sido de dolor, enfermedad, desamor, depresión, ansiedad, tristeza. Y a pesar de todo, ahorita iré con mi hermano y mamá, a su pueblo, a terminar el año. A pesar de todo, mi papá está disfrutando de mis hermanos y mi sobrino. A pesar de todo, Aquí estoy, en la tranquilidad de mi casa, escribiendo este texto. Gracias Dios.

¿El 2019 será mejor o peor? No lo sé. Pero ahora comprendo que la vida está hecha de esto.