Me sorprende que sorprenda

En estas últimas horas, he visto muchísimo revuelo por la canción “René”, de René Pérez Joglar, alias “Residente”. Como el lanzamiento lo anticipó en su twitter, la escuché durante las primeras horas. Debo señalar que nunca he sido muy fan de su música, porque siento que no es ni cantante ni rapero, sin embargo, siempre he admirado la honestidad que se siente en la composición de sus letras. Pero esta vez estoy sorprendido por todo el revuelo que está causando.

¿Por qué me sorprende? Por la cantidad de personas que se han sentido identificadas. ¿Por qué me sorprende? Porque para quienes hemos pasado por depresión durante algún tiempo, esos sentimientos no son desconocidos ni lejanos. Las preguntas acerca de quiénes somos, en dónde estamos, y cómo volvemos a nuestros momentos más felices, son cosa de todos los días para los que hemos pasado por eso. Para quienes tuvimos una familia amorosa y una infancia feliz, la respuesta no es difícil. Difícil es encontrarse a uno mismo y recuperar la inocencia y los valores que nos guiaban en esos momentos. La nostalgia, las añoranzas son cosa de casi todos los días. El recordar el camino por donde vinimos es algo muy consciente en la depresión. El querer estar solo, el alejarse. Las palabras y sentimientos de Residente son cosas que cualquier persona en esa situación conoce perfectamente. Le admiro el valor para externarlo. Me sorprende que sorprenda.

¡Hola Mundo!

Esta es una migración de WordPress a Medium, debido a un error técnico.

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Me gusta utilizar el título por default que te pone WordPress con el primer post de una nueva instalación: «¡Hola mundo!». Una vez que los saludo, explico el porqué de este blog.

De hace unos años a la fecha, he estado viviendo con depresión moderada y no me había dado cuenta (en otro post explicaré el proceso y la evolución de ésta). Pretendo que, este blog, sirva para ayudar y motivar a todas las personas que, como yo, se encuentran en la misma situación, o no se han dado cuenta que lo están, y así, puedan ayudarse y motivarse a superar ésta.

¿Por qué? Porque es muy cansado vivir así. Porque vivir así, no es vida.

Antes de continuar, favor de leer mi disclaimer.

De ancianos

Hace unos años, el papá de un amigo, me dijo “un día me di cuenta que ya casi no había viejitos, hasta que me percaté que ahora los viejitos somos nosotros”. En realidad, el señor no era viejo, tendría unos 57 años (falleció de 59). Desde ese día, me llegó el miedo de algo que llegará: que ya no haya viejitos; que los viejitos seamos nosotros.

Me explico. No me da miedo envejecer (aunque no me guste), me da miedo pensar que un día, mi generación será la de mayor experiencia y conocimiento del pasado. Que toda las historias y vivencias que sucedieron antes de que los de mi edad estuviéramos aquí, se habrán ido con sus protagonistas, esos ancianos con los que tanto disfruto platicar. Que nuestra generación, débil e insípida, será la de la sabiduría. Que todas las historias y recuerdos de cuando la vida era más simple, se irán con el tiempo. Que no tendré un refugio conversacional con alguien mucho mayor que yo para platicar de cosas no conocí. Qué miedo.

 

Mi 2019

Desde hace días quería escribir este post, aunque quise esperarme hasta el último día, porque el año pasado, fue justo hasta Navidad, cuando sucedió lo que definiría este año. Sé que hoy 30 no es el último día pero mañana no estaré aquí para escribir, así que ahora es el momento de hacerlo.

Puedo decir que este año lo comencé muerto, derrotado, derrumbado. Conocí  la depresión y la ansiedad en niveles nunca antes vividos por mí. Recuerdo cuando un amigo me dijo: “vas a estar bien. Yo tuve depresión y después de terapia sistémica, salí adelante”. En ese momento se me hacía algo imposible. Es como si ahorita me dijeran “vas a estar flaco”. Hoy, al final del año, puedo decir: estoy bien.

Como hoy estoy bien, quiero agradecer a quienes estuvieron conmigo en esos momentos de mierda, empezando por Dios, quien me acompaña y me sostiene. De los demás, No van en orden de importancia, porque todos fueron muy, muy importantes, así que empiezo por mis psicólogas, Adriana e Itzury, quienes con sus terapias me ayudaron demasiado en el proceso de salir adelante. Al psiquiatra, a quien sólo vi tres veces, pero quien con su diagnóstico me dio luz, y con su medicamento, la estabilidad para atravesar los 4 meses más críticos, aunque muriera de sueño. A mi prima Bere, quien a pesar de la distancia, siempre ha estado para mí en mis peores ratos (los más depresivos y de más ansiedad), sin importar la hora. Te quiero, primacha. A Terry, mi Teresita hermosa, por siempre echarme porras, motivarme y siempre confiar en mí. A Manuel, por las largas pláticas nocturnas por la ciudad o por teléfono, y por sus consejos.  A Gomix, por darme su apoyo anímico cada que platicamos. A Bodi y a los Gordos, por ser con quienes más salí y me distraje a lo largo de este año. A mi familia, que aunque siempre intento mantenerlos alejados lo más posible de estos problemas, sé que siempre me apoyan y se preocupan. A Nach, por sus canciones. A Vivaldi, por “Winter”.

Pero dicen que las penas y las olas nunca llegan solas. Hoy escribo desde una casa diferente a la del año pasado. Este año no sólo fue batallar con lo emocional, sino que, además, fue el peor año económicamente hablando, el año en que tuve que entregar la casa en donde viví por 6 años, el año que más gordo he estado, año en el que me alcanzó una vieja deuda, que por fin estoy saldando.

Y a pesar de toda la mierda, no puedo decir que haya sido un mal año. Me reencontré conmigo mismo, con mi mayor pasión que es escribir, con un gusto que abandoné de adolescente, que son las plumas. Aprendí como nunca antes, que endeudarse es la mayor pendejada que uno puedo hacer, y más a largo plazo. Me hice dos tatuajes que me encantan, algo que no imaginé el año pasado. Escuché más podcasts que cualquier año en mi vida, pero lo más importante, veo la vida como hace años no la veía: con gusto, con más libertad, con más empatía.

Picos y valles

Comencé a percatarme de que mejoraba en el momento que me di cuenta que cada vez tenía más días buenos, sobre todo respecto a los peores meses en donde los días que disfrutaba eran casi nulos.

No lo sé, pero supongo que así debe ser. Es decir, la transición es gradual. No iba a amanecer un día alegre y como si nada (aunque eso sería excelente). Ahora tengo más días buenos que malos. Pero son esos malos, los que recuerdan que no se debe tirar el esfuerzo a la basura. Que hay que estar consciente de los síntomas que siguen presentes que en algunos momentos pueden hundir a uno de nuevo.

Tener uno o dos días malos no significa que se está retrocediendo nuevamente, significa que muchas cosas por superar siguen presentes, y son recordatorios para seguir echándole ganas.

Hola Popin

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En estos días comencé a hacer algo nuevo: dibujar unos monitos basados en cómo dibujaba cuando iba en el kinder. No soy ilustrador, no sé dibujar bien, y lo único que tengo es mi laptop y el Sketchbook al que apenas le sé mover.

¿Por qué lo hago?

Me gustaría usarlos para muchas cosas: para imprimir cosas con ellos, para divertirme, pero sobre todo, para aprender a hacer cosas con los recursos que tengo, así sean limitados.

Una de mis mayores debilidades es poner peros a mis ideas: “no soy tan bueno”, “no tengo esto o lo otro”, “no tengo dinero”, y quiero ir cambiando, poco a poco, esa mala costumbre. De hecho, el nombre ( Hola Popin) al final no me gustó tanto, pero decidí dejarlo para no detenerme en eso de no estar satisfecho.

Y de repente, llegan los cambios

Anoche escribí en una libreta, acerca de lo bien que me he sentido en estas semanas conmigo mismo. De cómo me gusta la persona en la que me estoy convirtiendo:

Me gusto.

Tengo más de un año teniendo que experimentar cambios que han transformado mi ser. Y digo «teniendo que», porque la vida no me dio otra opción. Han sido meses de esfuerzo, de sufrimiento, de llanto: de picos y valles.

Han sido meses de invertir dinero y tiempo en mí. Mucho tiempo de lectura y estudio, y de autoconocimiento y de autoaceptación. Horas y días de soledad, de convivir conmigo mismo.

Llegó la impotencia, llegaron pensamientos de que todo es en vano, y de repente, todo cambió.

De semanas para acá, me di cuenta que mis pensamientos han ido cambiando, a la vez que mis actitudes. Me di cuenta que mi diálogo interior es diferente y que me gusta más estar conmigo, pero lo más importante: que me gusta en la persona que me estoy convirtiendo.

Claro que falta mucho, claro que sigo cayendo y que me falta por aprender y superar, pero hace meses no creí que llegara a sentir un gusto por mí. A decir que me gusto como persona.

Coincidentemente, hoy tengo mejor salud que hace uno, dos o tres años, a pesar de seguir con hábitos pésimos.

Siempre me he querido mejor, y hoy, me siento mejor.

Traducir la depresión en arte

Goodbye Depression by Klarem

A la depresión hay que arrancarle lo poco bueno que nos puede ofrecer, que es, la oportunidad de traducirla en arte.

Seguramente, no hay canciones de desamor que no hayan salido por una depresión. Poesía. Pintura. Dibujo. En mi caso, me pongo a escribir. Escribo pensamientos, cartas a nadie, un blog. Hacerlo, me sirve como desahogo y terapia. Me sirve, includo, para entenderme a mí mismo.

No hay que ser experto para intentarlo. Agarra y un lápiz y raya. Agarra una guitarra e intenta. Compra pinturas y mancha. Tal vez descubras una parte hermosa de ti que no has explorado, y que en el punto de la depresión, no te importa hacerlo y lo revelas.

¿Para qué llorar sobre el colchón cuando puedes hacerlo sobre un lienzo o sobre un piano?

Apps para emociones

Sanvello

Desde hace más de un año, conocí una aplicación que se llamaba Pacifica (ahora se llama Sanvello). En ella, registraba cómo me sentía cada día. Comencé a usarla en los peores días de depresión y ansiedad.

Lo que más me gustaba de la aplicación, era que no sólo te preguntaba cómo te habías sentido en el día, sino que podías registrar los sentimientos que habías tenido: ej. nostalgia, impotencia, desesperanza, o por el contrario, registrar que te sentías motivado, enfocado, esperanzado, etc. Dependiendo del estado que pusieras, te ponían una frase, y una dinámica de meditación para apoyarte con tu estado de ánimo. Además, contaba (y cuenta) con una parte de comunidad en donde puedes leer los estados de otras personas, pero realmente nunca utilizo esa sección.

Cuando la aplicación se convirtió a Sanvello, le agregaron otras cosas, aunque la hicieron un poco complicada. Ahora cuenta con más programas de ayuda, elaborados por terapeutas profesionales, y con la sección de «herramientas», en la que categorizan dinámicas de acuerdo a diferentes objetivos.

Esta app la utilizo principalmente durante la noche, antes de dormir, que es cuando los momentos de crisis me han atacado. El único problema es de esta app, es que para poder desbloquear todo, hay que pagar $8.99 USD al mes o una anualidad de $54 USD. Yo pagué la anualidad, porque es mucha la diferencia en el precio.

Daylio

Es una app únicamente para registrar los estados de ánimo durante el día o a través de los días, pero es la mejor en lo que hace.

¿Para qué llevar un registro de los estados de ánimo? Porque te sirve más adelante saber qué tan bien o mal has estado. A veces, siento que he estado muy mal últimamente, y al revisar mis registros, veo que en realidad, no he tenido tantos días malos.

Te permite elegir entre cinco estados de ánimo, pero además, los puedes editar. A cada estado, le puedes registrar además qué actividades hiciste durante el día, y personalizarlas. Por ejemplo, yo tengo seis personalizadas: Valer verga (para cuando pierdo el tiempo en el cel), pendientes varios, terapia, dormir, escribir y pagos.

Después de varios días registrando tus estados de ánimo, puedes ver estadísticas y el registro en diferentes formas. Esta app es gratuita con publicidad y 199 pesos sin publicidad y actividades ilimitadas, aunque seguido la ponen a 99 pesos.

Moodtools

Moodtools es una serie de aplicaciones que están enfocadas en la depresión y la ansiedad. Yo sólo he utilizado dos de las aplicaciones: la de Test de Depresión, y la de «Test de Ansiedad», que en realidad, sólo son herramientas de autoaplicación de los tests estandarizados PHQ-9, para la depresión, y el GAD-7, para la ansiedad.

El resultado que obtuve en el de depresión coincide con lo diagnosticado por profesionales de la psicología y psiquiatría con quien he acudido: depresión moderada.

Cuando intento dormir

Al acostarme, soy de las personas que se revuelcan por toda la cama. Hay días que me paseo por todo el colchón, hasta poder conciliar el sueño. A veces, con la cabeza hacia la cabecera (que no tengo), y a veces, con la cabeza hacia el pie de cama (que tampoco tengo).

Hay días que duermo con tres almohadas, y días que necesito sólo una, hecha bolita. La verdad es que al acostarme, quisiera ser un perro, que no necesita de nada más que un par de giros para encontrar su posición y ponerme a descansar.