Adiós, Mocoso.

Siempre imaginé el día en que tú y yo viviríamos solos. No es que quisiera que Dolly se fuera antes, es que la edad daba a entender que así sucedería. Si me hubieran dicho hace una semana que hoy ya no estarías aquí, no hubiera encontrado motivo. Fuiste un gran luchador desde cachorro: venciste la calle, venciste la anemia y el hambre, la sed, venciste el moquillo. Viviste con marcas de ese difícil pasado. Tu cabecita brincando al dormir como recordatorio de que no eras cualquier perro, eras uno que venció al moquillo. Tu miedo al agua y la lluvia como evidencia de tu supervivencia en la calle. Llegaste a mí gracias al hambre de sobrevivir aquel domingo que te vio mi hermano. Fueron más de siete años a tu lado: me habían advertido que máximo me durarías cuatro años. Nunca olvidaré aquella vez que me diste la patita cuando ya te ibas a ir en adopción e hiciste que me retractara.

Nunca entendí cómo siendo tan bravo con otros perros, eras un perro tan noble con las personas, fueran adultos o niños. Te ganaste el cariño de mi familia y de mis amigos.Fuiste mi guardián en todos los sentidos: siempre cuidando la casa, siempre al pendiente de si en las noches me despertaba, pero lo que más te agradezco es tu compañía en la época más difícil de mi vida. Tu cercanía y cariño cada que me escuchabas llorar mientras atravesaba aquella depresión de la que fuiste testigo.

Hoy tu partida me duele. Como consuelo, sólo tengo el haber hecho lo mejor que pude para cuidarte, el que siempre prometí que estaría ahí hasta el último momento, valor que me faltó en otras situaciones, pero que cumplí contigo. Me queda claro que tu misión a mi lado terminó. Que no tienes más que cuidarme. Gracias por todo, mi gordo.

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